Todo el mundo sabe que la parte más dificil es comenzarr, la segunda más compleja continuar, la tercera igual de retadora es conlcuir.

Es decir, todo el proceso de creación y mantenimiento es altamente demandante. Hoy lo recuerdo al comenzar a tipear desde un teclado bluetooth que compré en una tienda japonesa de chacharas y baratijas, hace poco más de dos años. Lo compré porque no tenía nada mejor qué hacer y porque siempre he sentido facinación por gadgets tecnologicos -sí, para mí un puerto periferico es un gadget- sin embargo, mi justifciación fue que la compra me alentaría a retomar mi afición por la redacción.

Desde muy joven me decanté por la literatura sobre muchas artes, la mediana edad, a la que me adentro, ha discriminado esta afición y empujado un poco más las artes escenicas. Esta afición y una absurda idea que me ronda desde hace algunos meses -años- me ha propuesto desarrollar alguna actividad virtual que me rinda dividendoos y que al menos sea capaz de cubrir el costo del carrier de internet. 

Intenté a través de aplicaciones y paginas donde ofertas tus aptitudes a especie de subastas. El cliente publica una tarea y un rio de infelices almas se debaten para poder ser elegidos y obtener la asignación. Para realizarlo haces una propuesta economica y envias una descripción, no mayor a una cuartilla, exaltando tus aptitudes y habilidades.

Nunca tuve suerte. Leí decenas de blogs, videoblogs y otra herramientas dispponibles en la red sin exito alguno. La mayoría mencionan que una vez que cae el primer encargo, no dejan de generarse oportunidades de colaboración, hasta que te vuelves millonaire -no tanto-  y autonomo. Es una especie de secta multinivel, tipo herbalife pero millenial.

Ante mi abrupto fracaso, decidí comenzar un blog. De 2009 a 2016, alimenté otro blog en este mismo dominio, con entradas completamente personales, cargdas de mi histrionica narración de eventos coloquiales. Con esa experiencia previa decií a escribir nuevamente y aperturar este espacio.

La idea de tipear para hacerme millonario es muy seductora, sin embargo el primer objetivo está trazado en tres ejes: Retomar la práctica de redacción, al escribir mensajes dentro de botellitas -entradas- que se lancen a este inmenso mar para que naufragos de la red las encuentren;  Monetizar el sitio, para que se pague el internet; y la principal y mi favorita -sí, tambien la más trillada-, la oportunnidad de un nuevo comienzo de cero. Por ello el titulo del blog.

Espero que esta no sea una entrada aislada que no me lleve a ninguna parte y dentro de 4 años la recupere cuando compre un nuevo teclado inhalambrico.

Yo soy Enrique Sierra, el cero eterno del barrio